
MANADA
No sé distinguir los unos de los otros
cuando van agrupados
como bandos de gorriones,
entre parejas que se besan
y viejos que sonríen.
Pierden el color y hasta la forma
y diría que van desapareciendo
como hileras de palmeras en la niebla.
Son confusos como sombras
de luces desvaídas y alejadas
a las que nunca llegas aunque las persigas.
No. No sé distinguirlos
porque nunca están a solas;
rechazan ese encuentro
y pierden la sensación de conocerse.
Y van pasando el tiempo y así la vida
sin pensar en singular, en el nosotros ,
para no empañar el todos agrupados
como arena que la mar arrastra.
Acaso, algún día, tras una tentativa
de mirarse a escondidas,
puedan descubrir el daño que se hicieron
y, entonces, recuperen esa sensación,
tanto tiempo olvidada,
de ser sólo uno mismo.